I
Hace unos días Nefertiti empezó a realizar uno de sus sueños más preciados: construir algo en la azotea de nuestro duplex. Ese sueño lo tuvo desde que era niña, ya que el duplex le perteneció a sus padres, que generosamente fue cedido por ellos a nuestro joven matrimonio. El duplex está ubicado dentro de una sencilla Residencial, enclavada como un blanco lunar en medio del lujoso paraje que tiene el distrito más exclusivo del Perú. Sin embargo, por esos designios que solo Dios sabe, nuestra familia vive allí, en medio de ese extraño contraste que existe entre esas dos culturas que actualmente tiene nuestro querido país. La cultura "chicha", informal, irreverente, pujante, electrónica, y la cultura formal, empoderada, prejuiciosa, "guettaria" y moderna. Siempre he creido que esa maravillosa mezcla cultural será para nuestros hijos, la tierra fértil que permitirá el florecimiento de unas fuertes personalidades creativas y libres. El hecho es que Nefertiti está feliz, con su proyecto "la azotea", y ha empezado a rodearla con unas rejas y mallas verdes donde se abrazarán las plantas más hermosas, creando un especie de vivero abierto al cielo. Es que desde nuestra azotea, tenemos no solo una agradable vista de todo San Isidro, sino una maravillosa vista panorámica del mar de la bahía de Miraflores, desde donde incluso, se divisa con absoluta claridad, en un día despejado por supuesto, la famosa Isla de San Lorenzo que se encuentra frente al puerto del Callao. Hace pocos días, mientras los artesanos del metal colocaban las rejas y mallas, Nefertiti y yo subimos por la pequeña escalera que improvisamos hace algunos años para poder acceder a la azotea, una vez allí, impactados por la vista del mar que teníamos frente a nosotros, ella con su pañuelo que cubre su bella cabeza sin cabello, y yo con mi brazo parchado con gaza y el cuello y rostro lleno de cicatrices, nos abrazamos en silencio, mirando el horizonte del mar azulado, y respiramos profundamente, el delicioso aire marino de nuestra azotea, que nos llenó de vida, ahora que tanto la necesitamos.
II
Nefertiti ya lo tiene todo arreglado. Como siempre. Piensa llenarla de flores y plantas de todos los tipos, olores y colores. Piensa convertir nuestra azotea, que estuvo durante años, llena del polvo de los vientos, y desechos del perro de algún algún vecino, en un oasis lleno de vida, en un vivero de paz donde poder sentarnos en una hamaca y poder ver juntos imaginarias estrellas en la noche de Lima, leerles a nuestros niños las mejores historias de valientes contra la adversidad, saborear las mejores parrilladas naturistas, encender los más aromáticos inciensos y velas, mirar la ciudad cuando duerme o cuando se despierta. Poner una piscinita inflable para poder revolotear con Manzanilla y Manzano, salpicándonos de sonrisas bajo el sol o bajo la luna de una noche de verano. En fin, Nefertiti ya tiene la azotea de sus sueños, y yo feliz porque ella es feliz. Su felicidad siempre será para mí un motivo más para querer despertar cada día, a la espera de un nuevo olor, un nuevo sabor, una nueva imagen, un nuevo sonido, un nuevo tacto, que me haga sentir que la vida es un regalo de Dios, porque eso es exactamente lo que siento, desde el preciso instante en que abro mis ojos día a día, con el beso de mis hijos cuando me dicen bajito en mi oído: "Chau papito, nos vamos al colegio, te queremos, que Dios te bendiga", y yo dándoles un beso a cada uno, me despierto recibiendo ese maravilloso regalo, y agradeciéndo profundamente a Dios por haberme dado tanto.
Ojoavizor
P.D. Nefertiti, te regalo esta hermosa canción, en la versión de tu cantante favorito, el gran Rod Stewart, que dice que el mundo es maravilloso cuando abres los ojos para verlo. Desde la azotea que construyes con tus manos y sueños, veremos el esplendor de la vida con nuestros niños, y nunca lo olvidaremos.
