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lunes, 8 de septiembre de 2008

La dosis

Hace algún tiempo tuve un accidente, que me mantuvo inhabilitado por unos meses, limitando mis movimientos físicos al mínimo. Durante meses se me estuvo suministrando catorce tipos de medicamentos para intentar mitigar, muchas veces sin éxito, el indescriptible y severísimo dolor que sintió, cada uno de los ángulos de mi maltrecho cuerpo. Uno de esos medicamentos era el "tramadol", conocido comercialmente como "tramal". Es un potentísimo analgésico sintético de acción directa al sistema nervioso central. Al inicio del tratamiento, se me prescribió una "dosis" diaria de tramal de tres pastillas de 200 mg cada una, cada 8 horas y 40 gotas cada 12 horas, dosis que por la cantidad y el tiempo que me la suministré, genere lo que los médicos denominan como "tolerancia", es decir, una fuerte dependencia psíquica y física a dicho medicamento, de la cual me está costando, actualmente, salir de la misma. Mi cuerpo todavía no acepta vivir sin el "tramal".
Hace dos meses, creyendo que mi férrea voluntad podía más que mi dolor, decidí dejarlo bruscamente. No tomé la dosis diaria, y bueno, las consecuencias fueron: ansiedad, dolores musculares en todo el cuerpo, taquicardia, cansancio extremo y lo más desagradable para mí, insomnio (aunque debo confesar que gracias a ese insomnio me animé a iniciarme como "blogger"). Estaba frente al llamado "Síndrome de Abstinencia". Consultándo al médico, me explicó (a parte de llamarme severamente la atención por el corte brusco del tramal, sin su autorización), que el protocolo médico para salir de ese síndrome, era reducir "la dosis". Siendo esto así, volví a ser el paciente obediente de siempre, y comencé a tomarlo de nuevo, pero con un plan de reducción semanal de la dosis. Actualmente, estoy tomando sólo 10 gotas (25 mg) cada 12 horas, de las 80 gotas que tomaba al día, y cada semana que pasa, mi cuerpo está reaccionando positivamente, con algunos "baches" inevitables, pero lento y seguro, hacia el objetivo que es, enseñar a mi cuerpo a vivir sin el famoso "tramal".
Esta situación de mi salud, y sobre todo el tratamiento planteado por mi médico, me llevó a pensar en el tema de "la dosis", y me pregunté, ¿Se podría aplicar, este protocolo médico de reducción de la dosis, a los aspectos espirituales?, ¿Qué pasaría, si asumimos que la envidia, la avaricia, el egoísmo, la mentira, la indiferencia, el consumismo, el desprecio, el racismo, la indolencia, y todas aquellas taras humanas, fueran algo así como el "tramal", drogas que muchas veces necesitamos para subsistir, en éste mundo donde solo el más fuerte y poderoso, aparentemente, sobrevive y "triunfa"?. ¿Qué pasaría sí, en el tiempo, "bajamos un poquito la dosis" de nuestros defectos, muy humanos por cierto, y por ejemplo, de 10 mentiras de nuestra vida, la bajamos a 9, luego a 8 y así sucesivamente, hasta llegar a un nivel, que, desentoxicados ya de esos lastres del espíritu, lo dejamos en un nivel de 2 o de 1?. Soy consciente que no podría ser cero, ya que sino seríamos perfectos, y la perfección solo es monopolio de Dios.
Estoy seguro que los efectos de la reducción de "la dosis" de éstas pesadas anclas de nuestra vida, que no nos permiten crecer y autorealizarnos espiritualmente, ayudarían a que las personas se vuelvan, cada día, un poco menos indolentes y más sensibles, menos racistas y más integradoras e inclusivas, menos egoístas y más solidarias y generosas, menos crueles con el prójimo y más humanas, y sobre todo, menos esclavas de sus propios egos y más libres para disfrutar la vida, y compartir en paz, con los demás, la maravilla de la creación.

Qué dicen. ¿Bajamos la dosis?.

Ojoavizor.