En la Navidad del año 2004, le regalé al mayor de mis hijos, un astronauta de juguete que se distinguía por su uniforme de color blanco y verde limón. Era "Buzz Lightyear". Un héroe de la película "Toy Story". Me llamó la atención una de las voces pregrabadas que tenía el valeroso astronauta que, al presionar el botón rojo que lleva en el pecho, se escucha una voz firme: "Al infinito y más allá". Me gustó mucho la frase porque a través de su cualidad para volar, mi hijo entendió, por primera vez en su vida, el sentido de la altura, de lo alto que podía llegar una persona y, sobretodo, su héroe "Buzz". Aproveché entonces la extraordinaria oportunidad de hacer nuestra esa feliz frase, y le dije que mi amor por él, por su hermanito y por mamá, era "hasta el infinito y más allá". Su maravillosa mirada y sonrisa al escucharlo, me hizo saber con claridad, que mi hijo por primera vez, sabía que papá lo amaba mucho, "más allá del infinito". En ese momento, yo reemplacé a Buzz y me sentí el ser más feliz del mundo.
Todas las personas necesitamos saber que alguien nos ama, "hasta el infinito y más allá". Todas. Por eso es tan necesario que les digamos a nuestros familiares, amigos, parejas, y a todos aquellos que nos aman, estiman y respetan, cuánto los amamos, estimamos y respetamos.
Seamos sus héroes. Hagamos que crean en nosotros. Que sientan seguridad. Que se sientan mejores personas cada vez que están en compañía de nosotros. Hagamos que puedan soñar de nuevo, y que crean que es posible encontrar el amor, y que ese amor puede ir hasta ¡el infinito y más allá!.
Ojoavizor
