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jueves, 2 de julio de 2009

El espejo

I
Hace muchos días que no escribo. En realidad no tenía ganas de hacerlo ya que he estado concentrado en re-descubrir áreas profesionales que hacía varios años había abandonado. Siempre me ha cautivado re-correr viejos y nuevos caminos, re-inventarme, re-hacerme, re-comenzar de nuevo, experimentar nuevas vivencias y en general, emprender nuevos retos. Es que para mí la vida misma es una oportunidad para re-plantearme todo de nuevo. Estoy, de una manera casi obsesiva, a la búsqueda de nuevos recodos de mi personalidad, de mi espiritualidad, y de mi lacerante humanidad. Aprender cosas nuevas, re-componer mis propias palabras, pensamientos, re-crear nuevas imágenes y sonidos que me acompañen en mi día a día. Ando al acecho de nuevas situaciones, perspectivas, ángulos, y cuando las tengo en mi mente, los mastico, las moldeo a mi gusto, las desecho, y con las partes que me queda, las reciclo multiplicándolas en infinitas posibilidades generando nuevas y dislocadas formas, y así sucesivamente. Esa forma de ver el mundo, me ha dado muchas satisfacciones en mi vida, pero, confieso que también me ha ocasionado duros momentos de ansiedad, depresión y sobre todo, desesperanza. Pero siempre que he tocado fondo, llego allí con la linterna de Diógenes, y no pierdo la oportunidad de investigar de qué está hecho el fondo. No tengo remedio, soy un investigador nato de mi propia vida y de mi entorno en general. No hay evento en mi vida, que no le haya buscado en algún momento, un significado.
II
Hace unos momentos, mientras estaba desarrollando algunas ideas para estructurar una debida defensa legal de un anciano y adolorido cliente, que está siendo demandado en forma abusiva e inmisericorde por una burocrática e ineficiente entidad de salud del Estado Peruano, que le quiere cobrar, a pesar de estar asegurado, los costos de una operación de transplante de riñon, realizada hace más de tres años; me quedé mirando por la ventana de mi estudio, las copas de esos frondosos y verdes árboles, que siempre están allí, pero que hoy los miré con "otros ojos". No entendía porqué los veía tan bellos, a pesar que los flanqueaban dos grises edificios, a los que incluso los comencé a mirar con cariño. Es que eso es lo maravilloso del ser humano. Que siempre tendrá la oportunidad de "mirar con otros ojos" las cosas que le rodean o su propia vida.
III
Desde su recaída, Nefertiti no puede mirarse a sí misma en el espejo del baño. Cuando lo hace llora inconsolablemente. La abrazo y sosteniéndola, le digo mirándola fijamente a los ojos, que todo es un proceso, que todo tiene un curso, que todo cambia, que nada es estático, que ese es el milagro de la vida, que hoy no tiene su cabello, pero que mañana puede crecer de nuevo, como ya ha sucedido, que en cada instante, estamos naciendo de nuevo, que cada día que nos miramos al espejo, podemos comenzar de nuevo.
Ojoavizor