Desde hace unos meses, por algún motivo indescifrable, no podía escribir. Quería hacerlo pero no podía. Si lo estoy haciendo ahora, es porque sentí una fuerte necesidad de compartir, con mis queridos y generosos amigos blogueros que algo muy bueno está ocurriendo dentro de mí. Que me siento cada vez más liviano y ligero de equipaje. Que cada mañana, después de acompañar a mis bellos hijitos a la movilidad escolar, me voy a caminar alrededor de un hermoso parque que está al frente de mi casa. Que mientras camino, respiro el exquisito aroma de sus verdísimos árboles en medio de la neblina y me acompaño del canto de los cientos de pajarillos que los pueblan. Que aprendí a orar mientras camino. Que me encanta ver saltar a las ardillitas que me miran y se esconden entre sus ramas. Que todas las mañanas me encuentro y saludo a un señor con rostro de sabio, que sé que algo muy bueno me dirá uno de estos días. Que fuímos a Cuzco con toda la familia, siendo recibidos magníficamente, en la mágica y bella casa de "el Buho", mi hermano y Maestro, que nos recibió junto a su esposa, que es toda una artista. Que cumplí mi promesa y regresé, después de 27 años, a la cima del Templo de Lanlacuyo, sintiendo la misma intensa voz de la piedra en mi rostro. Que regresé a Machupicchu, y oré sentado frente al Waynapicchu, bajo la sombra de un arcoiris invisible. Que mi última tomografía y control de ocho meses, arrojó que no hay evidencia de enfermedad. Que escribí un poema en una noche estrellada en Aguas Calientes inspirado en la obra de un artista amigo. Que solo quiero perdonar y perdonarme, permanentemente. Que mi alma vibra con la canción "Un vel di vedremo" de la ópera "Madame Butterfly" del gran Puccini, cantada por María Callas. Que cada noche, al acostar a mis hijos, veo en sus bellísimos rostros, literalmente, el rostro perfecto de Dios. Que ya no pretendo controlar mi vida, ni la de nadie. Que ya no soy el mismo. Que hay cosas que ya no recuerdo. Que me miro en el espejo y siento que soy otra persona, ni mejor, ni peor, simplemente otra persona. Que cada noche, cierro los ojos y no tengo miedo. Que cada vez pienso menos en el pasado, y en el futuro. En fin, que estoy vivo y se lo agradezco a Dios.
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miércoles, 9 de junio de 2010
La metamorfosis
Desde hace unos meses, por algún motivo indescifrable, no podía escribir. Quería hacerlo pero no podía. Si lo estoy haciendo ahora, es porque sentí una fuerte necesidad de compartir, con mis queridos y generosos amigos blogueros que algo muy bueno está ocurriendo dentro de mí. Que me siento cada vez más liviano y ligero de equipaje. Que cada mañana, después de acompañar a mis bellos hijitos a la movilidad escolar, me voy a caminar alrededor de un hermoso parque que está al frente de mi casa. Que mientras camino, respiro el exquisito aroma de sus verdísimos árboles en medio de la neblina y me acompaño del canto de los cientos de pajarillos que los pueblan. Que aprendí a orar mientras camino. Que me encanta ver saltar a las ardillitas que me miran y se esconden entre sus ramas. Que todas las mañanas me encuentro y saludo a un señor con rostro de sabio, que sé que algo muy bueno me dirá uno de estos días. Que fuímos a Cuzco con toda la familia, siendo recibidos magníficamente, en la mágica y bella casa de "el Buho", mi hermano y Maestro, que nos recibió junto a su esposa, que es toda una artista. Que cumplí mi promesa y regresé, después de 27 años, a la cima del Templo de Lanlacuyo, sintiendo la misma intensa voz de la piedra en mi rostro. Que regresé a Machupicchu, y oré sentado frente al Waynapicchu, bajo la sombra de un arcoiris invisible. Que mi última tomografía y control de ocho meses, arrojó que no hay evidencia de enfermedad. Que escribí un poema en una noche estrellada en Aguas Calientes inspirado en la obra de un artista amigo. Que solo quiero perdonar y perdonarme, permanentemente. Que mi alma vibra con la canción "Un vel di vedremo" de la ópera "Madame Butterfly" del gran Puccini, cantada por María Callas. Que cada noche, al acostar a mis hijos, veo en sus bellísimos rostros, literalmente, el rostro perfecto de Dios. Que ya no pretendo controlar mi vida, ni la de nadie. Que ya no soy el mismo. Que hay cosas que ya no recuerdo. Que me miro en el espejo y siento que soy otra persona, ni mejor, ni peor, simplemente otra persona. Que cada noche, cierro los ojos y no tengo miedo. Que cada vez pienso menos en el pasado, y en el futuro. En fin, que estoy vivo y se lo agradezco a Dios.sábado, 21 de noviembre de 2009
El Arco Iris
Estaba sentado en medio en la sala de quimioterapia del INEN, con cincuenta personas todas con sus cabecitas calvas, como la de Nefertiti, pero la diferencia es que todas tenían cáncer, incluido yo. Habían una niñita con Síndrome de Down, que no se imaginaba nada de lo que ocurría con su cuerpo, no sabia que le estaban inyectando químicos altamente tóxicos, pero ella seguía riendo, jugando con sus deditos, feliz en medio de la lucha por la vida. Habían viejitos resignados a cumplir dignamente con la última etapa de su vida, algunos con ganas de irse pero con familiares que se resisten a dejarlos. Madres jóvenes, que escuchaban la música del "Grupo Cinco" de moda, y leyendo su revista de chismes como si nada pasara, como si la vida fuera una aventura más, un placer más que gozar antes que la vida se acabe. Otras pacientes, riéndose y haciéndose bromas retando a la muerte con la risa de la vida. Por primera vez ví a una persona que casi ya no lo era. Era un esqueleto tapizado por el dolor pero con sus ojos desorbitados que se resistían a seguir viviendo.
II
En medio de mi observación, una enfermera se me acerca amablemente y me dice: "a ver guapo ahora te toca tu medicina". Yo me avergoncé, me reí y le dije: "¿Cómo voy a ser guapo si estoy con la cara marcada?, y me respondió: "por favor no solo eres guapo, eres precioso". Sus palabras me impactaron tanto, tanto, que realmente sentí que todas ellas eran unos angelitos de Dios que nos recuerdan la belleza de nuestro espíritu. Eso me motivó, ya que era la primera vez que recibía quimioterapia, ya que en el anterior tratamiento solo recibí radioterapia. En esa sala empecé ha entender cosas que solo las personas enfermas podemos entender sobre la condición humana. El valor de la fe, la visión clara del presente, la necesidad del perdón, dejar el peso del resentimiento, dejar de juzgar, y todas aquellas cosas que no nos dejan ver la simpleza de la vida y la belleza de la creación. Nadie en esa sala luchaba con nadie, todos estaban unidos, su única lucha era contra la muerte.
III
El tratamiento que me aplicarán es en base a un medicamento de última generación que está hecho específicamente para mi tipo de cáncer. Es un "anticuerpo monoclonal", sustancia biológica que apunta, en pocas palabras, a encapsular cualquier célula cancerosa que pueda haber quedado después de mi exitosa operación. De acuerdo a los oncólogos expertos de todo el mundo, es un medicamento que revolucionará el tratamiento del cáncer en el futuro, ya que no es tóxico y solo ataca a las células malignas sin dañar a las benignas. Gracias a Dios el seguro me cubre gran parte del costo de cada ampolla, cuyo costo es prohibitivo para la gran mayoría de personas de un país pobre como el Perú. En ese sentido, siento que es un milagro que me lo puedan aplicar a mí, y parte de ese milagro es tener a toda mi familia ayudándome. Por eso mismo, cuando ví que la sustancia empezó a entrar en mis venas, cerré los ojos y oré. Le pedí a Dios que el líquido transparente se convierta en su sangre. Nunca antes, desde que estudié para ser físico, junté tanto la ciencia y la fe. Luego, llamé a mi hermano "El Buho", con el que me une una relación espiritual muy fuerte, y le dije que la savia vital estaba ingresando a mi cuerpo y que mi fe me sanará. Nefertiti, con el corazón atravesado tuvo que irse a la mitad del tratamiento, a participar de una actuación de mi hijo Manzano en su colegio. Nuestro otro angelito Lucy, le tomó la posta, esperando afuera de la sala las tres horas que duró la infusión, esperando que no haya ninguna reacción alérgica, como muchas veces ocurre. Le escribí a mi generoso hermano "Tanaka" que todo iba bien. En fin, nuevamente muchos estaban pendientes de mí, y eso me abruma en medio de tanto dolor humano a mi alrededor.
IV
Cuando llegué a casa, la única reacción que tuve fue un poco de fiebre y tembladera, pero nada insoportable. Me acosté y sentí que la sustancia comenzaba a actuar. Sentí que Dios ordenaba a la sustancia escanear cada célula de mi cuerpo, y que destruya cualquier enemigo. Sentí que Dios estaba conmigo, en esa lucha, que a pesar de todos los pronósticos, nada tiene sentido, que todo puede ocurrir, que su voluntad es lo que prevalece, y que esa voluntad se expresa con señales, siempre con señales. Y así fue. Mi hermano y maestro "El Buho", me escribió un e-mail al otro día, desde Cuzco, ciudad santa y sagrada, diciéndome: "Querido hermano, ayer, justo después de conversar contigo por la tarde asomé a la calle y ví este hermoso arcoiris sobre San Blas. Un buen auspicio para todos... Un abrazo". La foto de ese maravilloso arcoiris la pueden observar al inicio del post. Es una foto real, tomada por él. Esa son pues, las señales de Dios, sobre todo las que generosamente me envía siempre desde Cuzco, como hace más de 25 años cuando escalé el Waynapicchu, y me comprometí a regresar (Ver: http://ojoavizorlimaperu.blogspot.com/2008/09/la-seal.html). Por eso, cuando acabe mi tratamiento, haré un peregrinaje a Cuzco a agradecer la señal. Tengo que encontrar la fuente que está al final del arcoiris.
Ojoavizor
viernes, 19 de septiembre de 2008
La señal
Machu Picchu (Montaña Vieja), es el principal atractivo turístico del Perú. Existe mucha información sobre nuestro santuario histórico, declarado por la UNESCO, hace varios años ya, como "Patrimonio de la Humanidad", y elegido, con justicia, por millones de personas, en Julio del año pasado, como una de las nuevas "Siete Maravillas del Mundo". Éste post no aspira a dar información adicional, a la ya abundante información existente. Sólo relataré una experiencia mística, que viví en Machu Picchu, allá por el año de 1983, es decir, hace ya 25 años, vivencia que definitivamente, cambió mi vida.
Illa
Resulta que, en ese año, nació en Cuzco mi sobrina "Illa", nombre "quechua", (ancestral idioma de los incas), que significa "luz del amanecer". Mi querida y extrañada Illa, (digo extrañada, porque reside en Barcelona, desde hace algunos años, haciéndose una vida), es una real y auténtica "luz del amanecer" para toda nuestra familia, ya que nos ilumina con su existencia, siendo un ejemplo de fortaleza y creatividad, habiéndose hecho toda una mujer, y ganado su independencia, a punta de esfuerzo y talento, así como, me imagino, a punta de muchas lágrimas en silencio y soledad. Illa, es hija de mi hermano mayor, "el Buho". Él es un ser humano especial, que decidió hace muchos años, irse con su hermosa familia, a vivir al Cuzco, ciudad imperial del Perú. Él fue, el que me inició en el mundo espiritual.
La llegada a Cuzco
Hice el viaje a Cuzco, los primeros días de Marzo del año de 1983, siendo un disciplinado y aprovechado estudiante de "Física Pura". Mis temas de interés giraban alrededor de la matemática pura, la mecánica cuántica y la astronomía. Todo iba bien, hasta que llegué a la preciosa casa, que mi hermano "el Buho" tenía en la calle "Atocsaycuchi," en el "barrio de San Blas", el principal barrio de artesanos del Cuzco, donde se tejen los mas bellos murales del Cuzco, elaborados con fibras de algodón teñidos con tintes naturales de todos los colores, hechos en base a la fértil y colorida tierra sagrada del Cuzco así como, de flores silvestres de todas las especies. La casa de mi hermano, tenía una típica decoración rural, con paredes blancas de adobe y techo de tejas, y olía a paz e incienso. Toda la decoración de la casa había sido dispuesta por el buen gusto de mi querida cuñada, "Sirenita", chilena de nacionalidad, pero, peruana de corazón. La historia de amor de mi hermano "el Buho" con "Sirenita", es digna de otro post, que ojala, Illa, lo escriba para la felicidad de sus padres, con el talento natural que ella tiene para la escritura, ya que es una magnífica periodista.
Los Textos Sagrados
Después de conocer a Illa recién nacidita, bella como un rayito de sol, mi hermano me enseñó cada uno de los ambientes de la casa, y fue así que me tope con el primer elemento del cambio en mi vida: "la biblioteca". Mi hermano tenía una biblioteca muy bien surtida, pero sobre todo, absolutamente acogedora. Había libros de todos los temas, menos de ciencias, por supuesto. Había muchos libros sobre temas espirituales, y sobre todo, una valiosa colección de los textos sagrados de la mayoría de religiones del mundo, así como textos de filosofía oriental y occidental. Así, fue como conocí por primera vez, el libro del Tao, el Baghavad Gita, el Dammaphada, el Corán, el I Ching, Los Cuatro Libros de Confucio, los escritos del Gran Mahatma Ghandi, profundice algunos temas de la Biblia, y muchos libros de historia, entre los cuáles, sobresalían, los textos sobre la cultura inca. Las lecturas en la biblioteca, en esas largas tardes de lluvia andina, en la que no se podía salir, así como las interminables conversaciones con mi hermano, sobre la espiritualidad, las religiones, las acciones humanas, el karma, la divinidad, y otros temas conexos, fueron generando mi "metamorfosis".
Las caminatas
Fue un mes maravilloso el que me quedé, en la enigmática y magnética ciudad del Cuzco. Fue un intenso mes, de largas caminatas con mi hermano "el Buho", y mi morral al hombro, en el que cargaba un buen trozo de delicioso queso cuzqueño, pan campesino y emoliente (infusión a base de linaza, boldo, hierbabuena, llantén, beterraga y limón), que con mucho cariño, nos preparaba "María", una señora cuzqueña muy agradable, junto con una varilla de madera de eucalipto a la mano, para ayudarnos a soportar el peso de nuestro cansancio en las caminatas que hacíamos por los alrededores de su casa. Así atravesábamos un bellísimo bosque de eucaliptos para llegar a la fortaleza de "Sacsayhuaman", al "Templo de la Luna", y al inolvidable "Templo de Lanlacuyo", donde había una piedra de aprox. 3 metros de alto por 2 de ancho, con la forma de la cara de un inca. Según la tradición oral, el que se echaba encima de la cabeza, recibiría vibraciones positiva del espíritu del Inca. Esta cabeza de inca, en aquélla época, no estaba en el circuito turístico, por lo que cuando uno la visitaba, no había nadie y el silencio imperante en la zona, sumado al sonido de la "quena", que es una especie de flauta andina, que mi hermano toca con excelencia, generaba un ambiente espiritual, muy relajado.
La Luna
Lo que pude constatar, de todos éstos recintos sagrados del incanato, es que cuando uno ingresa a sus perímetros, percibe una vibración energética que sienten todos aquellos que visitan Cuzco, y que hasta el más ateo, o agnóstico, la percibe. Una tarde, fuimos con mi hermano, caminando al "Templo de la Luna" , y me mostró el denominado "polvo de luna", que es un polvillo color estrella cósmica, que se obtiene al frotar las paredes del interior del templo, y que, según los entendidos y lugareños, es el mismo polvo que se encuentra en la Luna, que aparece en esa zona, cada fin de mes, e ingresa a través de un orificio en la nave del Templo, cuando se toma un "baño de luz de luna". Nunca se sabrá a ciencia cierta, si esto es cierto o no, pero, lo que si les puedo asegurar, es que frotarse ese polvillo por el cuerpo, es una experiencia "lunar" que nunca olvidarán.
La decisión
Así, iban pasando los días, y mi estadía en Cuzco, aparte de convertirme en un compulsivo lector de la bien dotada, biblioteca de mi hermano y caminante asombrado de sus calles y templos, estaba dando lugar a un profundo proceso interno de conversión al mundo de la espiritualidad. Nunca pensé que eso pasaría. Yo, el científico de mi casa, de mi colegio, de la universidad, el que todo necesitaba probarlo con modelos matemáticos y leyes de la física, me convertí en un irremediable cultor de la espiritualidad. Fue un auténtico amor a primera vista. Fui inmensamente feliz de saber que existía un riquísimo mundo interior por explorar. Que no necesitaba estudiar científicamente el cosmos y sus leyes, ya que, "yo mismo", era un microcosmos. No puedo ocultar que durante el proceso de conversión, tuve algunas dudas, en realidad, muy serias dudas. Todo en mi interior se removía y, empezaba a replantearse desde sus raíces. Sentí una irresistible fuerza que me jalaba hacia mi propio centro. Mi voz interior me estaba hablando por primera vez, y yo, embelesado por el proceso espiritual, que estaba experimentando, sin haberlo planeado o siquiera pensado, tomé "la decisión". Una decisión que iba a cambiar el rumbo de mi vida. Decidí dejar la carrera de física y cambiarme a una carrera de letras, en la que podría tener tiempo para profundizar los temas filosóficos y del espíritu.
El científico
El científico que llevaba adentro, dio su manotazo de ahogado y luchó hasta el final. Estaba dispuesto a vender cara su derrota. Y frunciendo el ceño, y mirando por encima de sus lentes, me dijo, en tono desafiante: "Muy bien, muy bien, ¿Así que me dejas no?, ¿Así, que cambiarás las leyes de la naturaleza, por las leyes del espíritu no? Esta bien, pero como me debes todo lo que te he dado, todo éste tiempo, espero que me concedas solo una cosa: una señal. Sí, una señal, que me garantice que no te estás equivocando. Solo una." Con éste último condicionamiento de mí científico interior, y con la firme decisión, de dar ese paso trascendental, decidí ir a Machu Picchu, a buscar "la señal". Sí, decidí, con mucha convicción, buscarla en ese imponente santuario sagrado de los incas, y fué así, como empezó, mi viaje hacia la búsqueda de la señal.
La Ciudadela
Fue una fría y nublada mañana en la que, muy temprano, y con mi morral de lana de oveja al hombro, con dos o tres sándwiches, una roja manzana, un plátano y una botella de agua pura, como único equipaje, fue que tomé el tren hacia "Aguas Verdes", que es la ciudad que queda al pie del santuario. Llegué como a las 10 a.m. al pueblo mismo, y desde allí había que subir una carretera en serpentín, que demoraba más o menos 30 minutos, hasta el santuario mismo. Cuando llegué y miré el paisaje de todo el santuario, la primera sensación que sentí al mirar a Machu Picchu fue de admiración total frente a tanta belleza, majestuosidad y magnificencia. Era realmente un espectáculo hermoso para los ojos y, sobrecogedor para el espíritu. En realidad, no hay suficientes palabras para describir esa sensación. Estar frente a "Machu Picchu" , es algo así como, mirar el lugar más oculto y bello del planeta, por algo los historiadores, y arquólogos, lo llaman "el ombligo del mundo". Mirando a la ciudadela de "Machu Picchu", se puede sentir la grandeza de la cultura andina, en su máxima expresión. Es una de las magnas obras del hombre ofrendada a Dios. Por eso, "Machu Picchu" ha sido elegida, con justicia, respeto y admiración, como una de las "Siete Maravillas del Mundo". Todos los que tengan la suerte de conocerla, podrán corroborarlo. "Machu Picchu" es mucho más que un hermoso paisaje, es vida hecha piedra, es la piedra de la vida. Aquí podemos apreciar la magnífica vista panorámica de la ciudadela:
El Waynapicchu
A pesar de mi encantamiento con "Machu Picchu", mi "científico interior", no soltaba prenda, y me seguía diciendo al oído: "la señal, la señal, sin la señal, no me voy". Necesitaba una señal, pero no la encontraba. El tiempo corría, y nos habían advertido que solo podríamos estar hasta la 1 de la tarde, ya que el viaje de regreso, a la ciudad de Cuzco, dura más o menos 5 horas. Eran las 11:30 a.m. y no había "señal". Ya me empezaba a poner triste, por no aparecer ninguna señal, cuando de repente, veo un letrero de madera que decía con letras blancas, "Waynapicchu", junto a una pequeña cola de turistas, detrás del mismo. Pregunté y me dijeron que era la última cola para subir al "Waynapicchu", que significa, "Montaña Joven". El "Waynapicchu", es la montaña principal del complejo sagrado, que resalta al centro de la clásica foto de Macchu Picchu, que incrusté en el post. Tiene la altura de un rascacielos de aprox. 50 pisos, y escalarla demora una hora. Escalar el "Waynapicchu", es realmente muy arriesgado. En esa oportunidad me dijeron que, desde que abrieron la ciudadela de "Machu Picchu" para los turistas, se habían caído más de 15 turistas, y los cuerpos de algunos de ellos, nunca fueron encontrados. Y no es para menos, ya que el "Waynapicchu" se encuentra entre dos cañones naturales y cercado por el Río Urubamba. A pesar del temor inicial, decidí subirlo, ya que tuve la sensación que en la cima encontraría "la señal". En todo caso, era la última oportunidad de encontrarla. Así que, fortalecido por mi convicción en la búsqueda de "la señal", empecé la ascensión del famoso y peligroso "Waynapicchu".
La ascensión
Durante la ascensión, comprobé porqué muchos turistas renunciaban a escalarlo, ya que el camino para el ascenso, no tenia mas de 40 cms. de ancho, con profundos precipicios a los costados, habiendo sólo unas frágiles sogas para ayudar en el impulso de la subida. Así, vi como dejaba atrás a los pocos turistas que se atrevieron a subir conmigo, y poco a poco, me fui quedando solo en la ascensión de esa colosal montaña, que apuntaba al cielo. Por un momento sentí que estaba en "la Torre de Babel". Por otro lado, el cielo empezó a oscurecer, y de repente cuando me faltaban unos cuatro metros para llegar a la cima, empezó a llover torrencialmente. Tuve miedo, sí. Lo confieso. Sentí que mi atrevimiento estaba siendo castigado. Creí que mi científico interior había ganado. Sentí que se burlaba de mí a carcajadas, y yo, temblando de frío y miedo, solo, con todo oscuro a mi alrededor, sentí que me había equivocado, que todo había sido producto de mi imaginación, que la espiritualidad solo estaba en los libros, que en fin, que era un tonto, un pobre iluso, me avergonzaba de mí mismo, que había puesto en duda mi carrera de científico, ya avanzada, que iba a tirar todo por la ventana por un amor espiritual inexistente, que todo era en vano, que todo era......, cuando de pronto, paró de llover y tronar. De repente, mi voz interior, masoquistamente, me dijo: "¡Sigue adelante!. Arriba te espera la señal". Fue entonces cuando, escalé los pocos metros que me quedaban, y en medio de la oscuridad reinante, solo, y con una leve llovizna, llegué a la cima.
Estando en la parte más alta, me invadió una fuerza de propósito inexplicable. Me sentí muy fuerte, física y espiritualmente, y de repente, el sol empezó a salir esplendoroso, y pude apreciar el espectáculo más maravilloso que he visto en mi vida (después, por supuesto, del nacimiento de mis hijos). Vi frente a mí, el más bello arco iris que se puedan imaginar, sí, estaba justo frente a mí, a unos metros de mi mano, lo pude oler, tocar. Las lágrimas caían por mi rostro, y solo atine a quitarme, muy despacio, la camisa, quedándome con el torso desnudo. Todavía sentía una fina garúa sobre mi piel. Sentí que me estaba bautizando, allí frente a Dios. Luego me invadió una alegría profunda y comprendí que, había encontrado la señal, y que el científico que había en mí, se había ido para siempre.
El retorno
El viaje de retorno en el tren a Cuzco, lo hice profundamente dormido. Cuando llegamos a la estación sentí que era otra persona. Algo me había pasado. Ya no era el mismo. Todo me parecía ligero y todos mis sentidos se habían agudizado. Llegué a la casa de mi hermano y maestro "El Buho", casi entrada la noche, con mi decisión bajo el brazo. Como todas las cosas espirituales y decisivas en mi vida, no se las dije a nadie. Mantuve, mi decisión, en estricto silencio. Al día siguiente, antes de ir al aeropuerto "Velasco Astete", para tomar el avión de regreso a Lima, me fuí caminando al "Templo de Lanlacuyo", que quedaba cerca a la casa de mi hermano, allí, donde estaba la piedra que parecía la cabeza del inca, y meditando unos minutos en silencio, prometí que regresaría a Cuzco algún día. Luego, enterré debajo de la roca, un pequeño papel, color cielo y muy fino, donde escribí una promesa a Dios, que hasta el día de hoy he cumplido.
Cuando llegué a Lima, no les dije nada a mi familia, respecto de mi decisión de cambiarme de carrera. Se enteraron del cambio, un año después. Algunos se sorprendieron, menos mi hermano "El Buho". Él, desde Cuzco, y con su sonrisa de hombre sabio y, feliz por haber sido testigo de excepción, del descubrimiento de mi mundo interior, me mandó de regalo, el libro "Juan Salvador Gaviota" de Richard Bach, con una cariñosa dedicatoria que decía: "Para ti querido hermano. Con fe y esperanza en tu camino espiritual".
Han pasado más de 25 años, desde esa maravillosa experiencia mística, y haciendo una reflexión de mi vida, puedo decir que, el científico nunca regresó, y que cada vez que ejerzo mi carrera de abogado, defendiendo con plena convicción, las causas justas y los derechos de los más débiles, encuentro que mi trabajo tiene sentido, y que no me equivoqué en mi decisión. Que la señal fue correcta. Que mi vida espiritual crece cada día más. Que, aunque suene extraño e imposible, he logrado, que mi alma no se haya corrompido con mi práctica profesional, ni en mi vida personal. Que soy feliz con lo que me ha tocado vivir. Que soy feliz con mi esposa, con mis hijos, con mi familia en general, y que cada vez que vea un arco iris, le enseñaré a mis hijos que las señales de Dios, existen, y que agradecidos deben estar aquellos que encuentran sus señales, las interpretan espiritualmente, y sobre todo, que siguen los mensajes que contienen, con fe y convicción, a lo largo de su vida.
Ojoavizor
Waynapicchu/
Te veías imponente en el horizonte/
razgabas el cielo con tu cima/
pero el cielo no sangraba/
solo le arrancabas estrellas de todos los tamaños/
como la que le arrancaste a mi pecho/
cuando llegué a tus entrañas/
donde me cobijaste como a un hijo/
Nací de nuevo en tus brazos, Waynapicchu/
Me bañaste con tu savia/
y me regalaste un arcoiris/
con todos los colores de mi alma/
Fue la señal del camino/
para el servicio/
para la entrega/
a los que más sufren/
a los débiles/
Acepto arrodillado, Waynapicchu/
es mi señal/
y soy feliz/
la vida solo es vida con la entrega/
sin la entrega, no hay vida/
la arena del tiempo es inexorable/
la entrega es inexorable/
Bañaste mi piel con tus lágrimas/
me limpiaste con tu magnificiencia/
me aterraste con tu enojo/
pero aquí estoy/
listo para el trabajo/
la tierra está para la siembra/
de las semillas de la vida/
que florecerán para el mundo/
que espera amaneceres/
y tú piedra/
y tú grandeza/
brillarán por siempre/
para todos aquellos/
que asciendan a tu cúspide. Ojoavizor
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