Desde hace unos meses, por algún motivo indescifrable, no podía escribir. Quería hacerlo pero no podía. Si lo estoy haciendo ahora, es porque sentí una fuerte necesidad de compartir, con mis queridos y generosos amigos blogueros que algo muy bueno está ocurriendo dentro de mí. Que me siento cada vez más liviano y ligero de equipaje. Que cada mañana, después de acompañar a mis bellos hijitos a la movilidad escolar, me voy a caminar alrededor de un hermoso parque que está al frente de mi casa. Que mientras camino, respiro el exquisito aroma de sus verdísimos árboles en medio de la neblina y me acompaño del canto de los cientos de pajarillos que los pueblan. Que aprendí a orar mientras camino. Que me encanta ver saltar a las ardillitas que me miran y se esconden entre sus ramas. Que todas las mañanas me encuentro y saludo a un señor con rostro de sabio, que sé que algo muy bueno me dirá uno de estos días. Que fuímos a Cuzco con toda la familia, siendo recibidos magníficamente, en la mágica y bella casa de "el Buho", mi hermano y Maestro, que nos recibió junto a su esposa, que es toda una artista. Que cumplí mi promesa y regresé, después de 27 años, a la cima del Templo de Lanlacuyo, sintiendo la misma intensa voz de la piedra en mi rostro. Que regresé a Machupicchu, y oré sentado frente al Waynapicchu, bajo la sombra de un arcoiris invisible. Que mi última tomografía y control de ocho meses, arrojó que no hay evidencia de enfermedad. Que escribí un poema en una noche estrellada en Aguas Calientes inspirado en la obra de un artista amigo. Que solo quiero perdonar y perdonarme, permanentemente. Que mi alma vibra con la canción "Un vel di vedremo" de la ópera "Madame Butterfly" del gran Puccini, cantada por María Callas. Que cada noche, al acostar a mis hijos, veo en sus bellísimos rostros, literalmente, el rostro perfecto de Dios. Que ya no pretendo controlar mi vida, ni la de nadie. Que ya no soy el mismo. Que hay cosas que ya no recuerdo. Que me miro en el espejo y siento que soy otra persona, ni mejor, ni peor, simplemente otra persona. Que cada noche, cierro los ojos y no tengo miedo. Que cada vez pienso menos en el pasado, y en el futuro. En fin, que estoy vivo y se lo agradezco a Dios.
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miércoles, 9 de junio de 2010
La metamorfosis
Desde hace unos meses, por algún motivo indescifrable, no podía escribir. Quería hacerlo pero no podía. Si lo estoy haciendo ahora, es porque sentí una fuerte necesidad de compartir, con mis queridos y generosos amigos blogueros que algo muy bueno está ocurriendo dentro de mí. Que me siento cada vez más liviano y ligero de equipaje. Que cada mañana, después de acompañar a mis bellos hijitos a la movilidad escolar, me voy a caminar alrededor de un hermoso parque que está al frente de mi casa. Que mientras camino, respiro el exquisito aroma de sus verdísimos árboles en medio de la neblina y me acompaño del canto de los cientos de pajarillos que los pueblan. Que aprendí a orar mientras camino. Que me encanta ver saltar a las ardillitas que me miran y se esconden entre sus ramas. Que todas las mañanas me encuentro y saludo a un señor con rostro de sabio, que sé que algo muy bueno me dirá uno de estos días. Que fuímos a Cuzco con toda la familia, siendo recibidos magníficamente, en la mágica y bella casa de "el Buho", mi hermano y Maestro, que nos recibió junto a su esposa, que es toda una artista. Que cumplí mi promesa y regresé, después de 27 años, a la cima del Templo de Lanlacuyo, sintiendo la misma intensa voz de la piedra en mi rostro. Que regresé a Machupicchu, y oré sentado frente al Waynapicchu, bajo la sombra de un arcoiris invisible. Que mi última tomografía y control de ocho meses, arrojó que no hay evidencia de enfermedad. Que escribí un poema en una noche estrellada en Aguas Calientes inspirado en la obra de un artista amigo. Que solo quiero perdonar y perdonarme, permanentemente. Que mi alma vibra con la canción "Un vel di vedremo" de la ópera "Madame Butterfly" del gran Puccini, cantada por María Callas. Que cada noche, al acostar a mis hijos, veo en sus bellísimos rostros, literalmente, el rostro perfecto de Dios. Que ya no pretendo controlar mi vida, ni la de nadie. Que ya no soy el mismo. Que hay cosas que ya no recuerdo. Que me miro en el espejo y siento que soy otra persona, ni mejor, ni peor, simplemente otra persona. Que cada noche, cierro los ojos y no tengo miedo. Que cada vez pienso menos en el pasado, y en el futuro. En fin, que estoy vivo y se lo agradezco a Dios.viernes, 25 de diciembre de 2009
El Regalo
I
Hoy es cumpleaños de Nefertiti y nunca acierto con el regalo, por eso es que desde hace años, ella elige su propio regalo, lo envuelve con un arte digno de admiración, y cuando lo abre se sorprende como si nunca lo hubiese visto. Nunca permitió que yo me vaya solo a comprarle su regalo con Manzanilla y Manzano, siempre teníamos que ir a comprarlo con ella, hasta que lo elegía. También le encanta anunciar, días antes, a todos nuestros familiares y amigos, que su cumpleaños es en Navidad, generando una expectativa, para luego no querer celebrarlo y querer pasarlo solo conmigo y los niños. Bueno, dicen por allí, que así son las Capricornianas. Yo la entiendo y respeto su personalidad, pero en el fondo yo quisiera celebrárselo con una fiesta a lo grande, y darle muchos regalos, contratarle mariachis y cantarle las mañanitas con un gran ramo de tulipanes. Pero bueno, no lo he hecho por muchas razones, y ahora con mi estado de salud, mis deseos tendrán que ser postergados. Estoy seguro que algún día le podré dar ese regalo. Mientras que eso ocurra, no dejo de soñar en los regalos imaginarios que me gustaría darle hoy día, como los siguientes:
- Un viaje en la montaña rusa de Disneyworld con Manzanilla y Manzano, gritando los cuatro como locos;
- Un viaje en góndola en Venecia cantándole suavemente en el oído las canciones de Nicola di Bari que tanto le gustan;
- Una caminata al atardecer a las orillas del rio Sena, bien abrigados, diciéndole cuanto la amo;
- Una cena en algún restaurant que esté en el ultimo piso de cualquier rascacielos de New York, yo de esmoquin y Nefertiti con un hermoso vestido de gala, bailando suavemente abrazados, a media luz, una canción de Ella Fitzgerald;
- Una noche mística de amor y paz, en el hotel que está en Machupicchu;
- Una "mojada" con la brisa de las Catataras de Iguazú;
En fin, soñar no cuesta nada, y podría hacer una lista inagotable de viajes a diversos lugares del mundo, que ojalá Dios nos permita hacer algún día, cuando recupere mi salud, ya que viajar es vivir.
II
A pesar que yo ya estoy resignado a no poder sorprender a Nefertiti con ningún regalo material que yo elija, me puse a pensar con qué regalos, o mejor dicho, con qué milagros, Dios si podría sorprenderla. Allí creo que la lista puede ser larga, pero definitivamente, la encabezaría:
- Mi total recuperación y que el cáncer que me invadió, no regrese nunca mas;
- Que la alopecia que ella padece desaparezca para siempre, y le vuelva a brotar su lindo cabello;
- Que en el futuro, tengamos la salud para poder seguir criando a Manzanilla y Manzano sin padecer enfermedades como en los últimos años y tener un respiro para poder desarrollarnos sin más obstáculos de salud.
Nefertiti, por el momento, solo me queda pedirle a Dios, día a día, que te conceda esos "regalos milagrosos". No te imaginas cuánto deseo que Dios te sorprenda con esos milagros, para que seas tú la que nos puedas regalar a todos, tu sonrisa, el día de tu cumpleaños. Mientras tanto, en este día tan especial, te regalo todo mi amor, mis sueños de viajes imaginarios, y estas palabras de mi blog, que es lo único valedero que tengo, y que por el momento, te puedo regalar.
¡Feliz Cumpleaños mi amor!
Ojoavizor
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