Mostrando entradas con la etiqueta ojoavizor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ojoavizor. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de septiembre de 2008

El amor de la amistad

Ah! los amigos....¿Quienes no han tenido o tienen amigos?. Creo que todos. A pesar de eso, soy un hombre de pocos amigos. Nunca fui muy popular, ni cuando fui niño, ni de adolescente, ni ahora que empiezo a pintar algunas "canitas". Siempre fui proclive a ser muy selectivo con mis amigos, por lo que siempre estuve rodeado de poquísimos amigos, con los que entablé una amistad, mas o menos, estable y sostenida en el tiempo. La razón de mi selectividad para elegir, y mantener una amistad, no residía en un presunto "elitismo", ni mucho menos. La razón fundamental, entre otras similares, estaba en proteger mi sensibilidad, y no ser vulnerable a aquellas personas que no la valoran. Era una especie de "autoprotección". Fue así que levanté un auténtico "Muro de Berlín" alrededor de mi persona, que impedía el acceso a todo aquel que se acercase con malas intenciones, y buenas también. Esta forma de relacionarme, me convirtió poco a poco, y sin darme cuenta, en un "marginal" y más propiamente, en un "ermitaño" (ver mi post sobre "los marginales" en: http://ojoavizorlimaperu.blogspot.com/2008/08/los-marginales.html#links.
A pesar de haber construido un "ghetto", y ser una persona complicada para establecer relaciones de amistad, tengo un alto concepto de la misma. No concibo a la amistad sin una entrega total. Considero que la amistad debe ser noble, leal, transparente, alegre, compasiva, solidaria, veraz, comprometida y sacrificada. La amistad lo perdona todo. Incluso puede llegar, en algunos casos, a ser más fuerte que el amor mismo de pareja, o al amor que se puede sentir a algún familiar de sangre.
Si me preguntaran en qué persona de las que he conocido en vida, he encontrado la amistad en toda su dimensión, podría decir, sin duda alguna, que esa persona es mi esposa. Sí, ella es mi mejor amiga. En éste post, no hablaré de mi amor, sin límites, por ella, ya que muy pronto lo haré en un post que le prometí hacerle para nuestro décimo aniversario de feliz matrimonio. Creo que tanto ella como yo, traspasamos juntos nuestros mutuos "Muros de Berlín", y juntos también, aprendimos a derribarlos. Ahora, menos vulnerables, y con la madurez que te da los años vividos, hemos logrado, con muchísimos "baches", caídas y altibajos, que la conexión entre nuestros mundos, sea un camino lleno de reflexión y entrega, sin temores mutuos, sin duda alguna de nuestro compromiso, y con una exquisita amistad, cómplice y secreta, que hay entre nosotros, y que nos hace fuertes y felices en ella, día a día. Creo que mis dos hijitos (6 y 5 años), ya aprendieron también, de esa complicidad que conlleva toda buena amistad, ya que, uno no puede estar sin el otro. Hacen mil travesuras al día, siempre juntos, siempre cómplices. Espero que esa complicidad los acompañe toda su vida, y se quieran y ayuden por sobre todas las cosas.
En cuanto a mis amigos, puedo decir que tengo muy pocos. Ahora, con el paso de los años, unos se han ido, otros se quedaron, y algunos, en realidad nunca lo fueron, por lo que nunca estarán. Recuerdo a cuatro amigos que se fueron trágicamente, en los últimos tres años. El primero, Oscar, que fue asesinado en Buenos Aires, con un disparo en la pierna que le causó una hemorragia incontenible por haberle comprometido la vena femoral, en un asalto a su negocio que recién había inaugurado. El segundo, Marco, que murió de un edema cerebral, cuando estaba regresando a su casa en un taxi, dentro del cual le sobrevino un shock y entró en convulsiones, siendo insensiblemente tirado a la pista por el propio taxista, sin piedad alguna, a una cuadra de un hospital, para "evitarse problemas" (taxista que llegó a ser capturado por la policía y ahora se le procesa judicialmente por homicidio culposo), el tercero, un amigo de mi familia, extraordinario deportista, premiado con los "Laureles Deportivos del Perú" por haber sido campeón sudamericano de remo el año 1974, en "el Río Tigre", Buenos Aires, en la categoría de doble par, junto con mi hermano "el Reno". El "mono" le decían, también "Cayo", pero su verdadero nombre era Ricardo. Hace unos pocos meses, por esas razones que nadie logra comprender, decidió partir en silencio, para el dolor de su esposa e hijos, quitándose la vida, por encontrarse en una profunda depresión, enfermedad que lamentablemente no fue detectada por nadie, ya que él era la persona más jocosa y alegre que se puedan imaginar. De cada 10 palabras que decía, 9 eran en broma. Le encantaba encantar y hacer reír a la gente. La vitalidad y popularidad que tenía, hacen más inexplicable su partida, pero así es la vida, y solo nos queda orar por su alma, esperado que Dios lo reciba, y sea un ángel que haga reír a todos en el cielo. La cuarta, fue "Tessy", mi querida amiga de infancia. Con ella y sus hermanas hemos jugado tantas horas cuando éramos niños. Hacía como 10 años que no la veía, a pesar de ser vecina de mi madre. Se fue al cielo, hace unos tres meses, después de haber superado el cáncer, muriendo de una simple neumonía, dos días después de celebrar con un "drinky" helado, y cantar (y lo hacía muy bonito con su guitarra) con sus amigos del trabajo, en la casa de su jefe. Ellos son en suma, cuatro, de mis amigos muertos. Hace unos meses, cuando estaba hospitalizado, y después cuando me dieron de alta, tuve el privilegio de soñar con ellos, en cuatro sueños diferenciados. En cada uno de los sueños, los he visto nítidamente, como si estuvieran vivos, acercarse a mí y despedirse. Me miraban, me sonrieron y se fueron. Fui muy feliz con ello. Comprendí que, definitivamente, la amistad, es un sentimiento que trasciende a la muerte.
De mis amigos vivos, solo me quedan muy pocos. Ellos son muy comprensivos conmigo, y yo he aprendido a ser comprensivo con ellos. No fue fácil, ni para ellos, ni para mí. Nos costó en algunos casos, algunos años de alejamiento ("añejamiento" diría yo), que creo yo, fueron necesarios porque, la amistad es como el vino, adquiere más valor y calidad con los años. Los quiero mucho y ellos lo saben. Aprendí con mi esposa, mi mejor amiga, y con ellos, a entregarme sin "Muros de Berlín", sin temor a ser dañado, a aceptar que muchas veces la amistad tiene sus ratos duros, que hay discusiones, desentendidos e intolerancias. He visto a grandes amigos pasar por todo eso, y salir intactos y fortalecidos en su entrega. Yo he logrado, en dos de esos casos, reconstruir mi amistad con dos de ellos. Nos costó mucho reconstruirla, pero valió la pena. Ahora nuestra amistad es más fuerte que antes. Más sensible, más madura, en suma, más espiritual.
Falta poco para que cumpla 44 años, y siento que en mi vida, entre las pocas cosas (espirituales por cierto) que he logrado, es haber aprendido a entregarme a la amistad de mi esposa y de mis pocos amigos vivos que me quedan. A todos ellos, aunque no sepan que existe éste blog (salvo mi esposa), ni que mi nombre de "blogger" es "Ojoavizor", quiero pedirles que me perdonen por todos los desencuentros que mi frágil humanidad pudo haberles causado y que los quiero por lo que son, así con sus defectos y sus virtudes, con sus risas y sus lágrimas, y que yo estaré siempre a su lado, entregándome al verdadero amor de la amistad.
A todos mis nuevos amigos del ciberespacio, un fuerte abrazo.
Ojoavizor