
¿Cuántos de nosotros no se ha sentido un "marginal"?, entendiéndose por "marginal", a todo aquello que está al margen de lo "oficial", "formal", "normal", "de moda" o cualquier calificativo que describa una conducta social
"standard". En algún momento de nuestra vida, todos hemos formado parte (o lo seguimos haciendo), de ese "no tan pequeño" grupo de personas que viven "al margen" de los convencionalismos sociales, institucionales u oficiales.
Reflexionando sobre el tema he tratado de hacer una breve, y seguramente incompleta, pero funcional tipología de "los marginales peruanos", que paso a describir a continuación.
En primer lugar, tenemos a los "los invisibles". Éstos marginales sociales, son los auténticos desposeídos de nuestro país. Los olvidados, desde siempre, por el Estado. Los excluidos de la modernidad económica. Los no escuchados e ignorados, los permanentemente engañados, los discriminados por su raza y cultura. Tienen como característica principal de su personalidad, la pasividad. Solo desean no ser molestados en su mundo. Han desarrollado un auténtico amor propio, en base a una cosmovisión que los une de una manera intensa e indesligable a su tierra, ligamen que les ha permitido subsistir, durante siglos, bajo condiciones verdaderamente infrahumanas. Tienen sus propias reglas consuetudinarias de conducta. Para ellos las reglas del Estado oficial, no existen, porque sencillamente, el Estado no llega a ellos, y en consecuencia, no las cumplen. En suma, son los peruanos "invisibles" del famoso "Perú profundo".
Luego tenemos a "los tanáticos", que están conformados por seudo intelectuales, mayormente urbanos, con vocación violentista, que se han autoproclamado "defensores" y, "representantes exclusivos y excluyentes", de los derechos de "los invisibles". Son incendiarios, émulos de Nerón. Creen religiosamente, como Marx, que "la violencia es la partera de la historia", que la justicia solo puede ser alcanzada e impuesta, con la destrucción y la muerte. Viven en el lado oscuro, planeando siempre "el gran cambio", con el libro y el fusil en la mano. Son, en palabras de nuestro gran poeta César Vallejo: "Los Heraldos Negros que nos manda la muerte".
También tenemos a "los mesiánicos". Esta es una especie de marginales, que merecen un comentario especial. Son los que creen que vinieron a éste mundo, predestinados, para guiar a los demás. En la mayoría de los casos, son personas dotadas de inteligencia, facilidad para la argumentación lógica, buena memoria, buen verbo y discurso veloz. Todas estas aptitudes, van acompañadas de una apariencia física fuerte, imponente y obsesivamente pulcra. En sus relaciones interpersonales en general, son imperativos, impositivos, sectarios, calculadores, mitómanos, y creen tener siempre la razón y la "única" solución posible para todo. En su vida sentimental (si la tienen), son indolentes, insensibles y manipuladores. Asimismo, hacen gala de un gran carisma que logra, en la mayoría de las veces, encandilar a un ingenuo e inculto público. Paradójicamente, su aparente popularidad contrasta con la cruda soledad y vacuidad espiritual que soporta la carga de su aparente predestinación. En ese breve espacio de su soledad, experimentan la más profunda de sus miserias: la mentira. Saben que deben mentir para sobrevivir, ya que en esencia, un "líder mesiánico", está impedido de decir la verdad, ya que sus palabras se sostienen en discursos ideológicos (propios y extraños), que giran alrededor de una "falsa imagen de la realidad". Nada en su vida es auténtico. Todo en su vida es ilusión.
Para alegría de todos, existen también, los marginales de los mundos: "los artistas". Ellos tienen el especial talento de hacernos sentir que estamos vivos o muertos. Nos transportan a aquellas zonas de nuestro ser, que les son negadas a la razón. Son el puente entre lo conocido y lo desconocido, entre el amor y el odio. Para Sócrates, los artistas son "el daimon", aquellos "seres intermediarios entre Dios y los hombres". Se entregan a los demás, pero no pueden entregase a sí mismos. Viven al ritmo del eco de su propia soledad. Su único hogar es el escenario, solo allí se sienten seguros, fuera de él todo es confuso e intolerable. Son marginales por excelencia.
Finalmente, podemos divisar en el horizonte de la frontera marginal, a "los ermitaños". Ellos son marginales por decisión propia. Decidieron vivir en "el ghetto" de su propia individualidad. Son antisociales por antonomasia, críticos consumados, llevan su vida con estoicismo y se abandonan al amor sin límites. Los atrae irremediablemente, los amores imposibles. Idealizan y gozan, con cierto sadismo, el amor hasta las últimas consecuencias. Se deprimen con facilidad cobijándose bajo su propia sombra. Entre sus filas encontramos a intelectuales orgánicos, librepensadores, creativos y artistas frustrados. Dominadores del humor, la burla y la ironía. Son lapidarios con los mediocres, sus peores enemigos, y admiradores totales de los artistas, sus mejores amigos. Son en suma, seres disfuncionales al "statu quo".
Todo marginal siente la sensación de no encajar en el orden social vigente, y por eso quiere cambiarlo o simplemente ignorarlo. Se sienten la piedra en el zapato de alguién, la nota desafinada de la orquesta. Siempre estarán a la búsqueda de "la tierra prometida". Estoy seguro que cuando estén frente a ella, habrán encontrado una nueva razón para seguir buscando.
Ojoavizor